El Camino de Santiago fue una experiencia llena de anécdotas inolvidables que recuerdo con felicidad.
El primer día del Camino fue el día más tranquilo. Empezamos a andar todos juntos con música, hablando y sin cansancio ni ampollas, cosa que dejaría de ser así al poco rato. Llegamos al albergue por la tarde y la fiesta no terminó pues seguíamos hablando y también escuchando música, eso sí , los masajes no podían faltar y por último nos fuimos a dormir reventados y ya algunos con molestias en los pies.
El albergue de Valga, fue lo que la mayoría de nosotros tuvimos todo el día en mente en el segundo día del Camino. 30km, nada más, eso es lo que teníamos que caminar ese día para llegar desde Pontevedra. Sin duda alguna fue el día más duro. A las propias dificultades del Camino se le sumaba el calor. A pesar de todos estos «inconvenientes´´ el trayecto valió la pena caminarlo gracias a los preciosos paisajes que pudimos observar y a los buenos momentos acumulados con mis amigos. Entre historias y canciones sonando llegamos al deseado albergue. Recuerdo que esa noche después de la reparadora cena nos quedamos dormidos de inmediato, pero con ganas de empezar a caminar al día siguiente.
Y llegó el penúltimo día del Camino, salimos de Valga para llegar a O Milladoiro, ya en A Coruña, cada vez más cerca de Santiago. Comenzamos a caminar optimistas pensando que lo peor ya había pasado, cosa que es cierta, pero las ampollas, rozaduras y el cansancio acumulado seguían ahí. Durante este día pasamos por Padrón un pueblo muy chulo en el que la tarde fue cansada y calurosa, pero valió completamente la pena ya que el albergue de Milladoiro fue el mejor de todo el Camino. Después de muchos masajes, curas y anécdotas compartidas nos fuimos todos a dormir con la ilusión de que mañana llegábamos a nuestro destino.
El cuarto y último día del Camino caminamos tan solo 8 km, lo que venía siendo un paseo para nosotros. Tras hacerlo en 2 horas, juntos y con camisetas a juego, llegamos a donde tanto queríamos, la Catedral. Fue muy emocionante ya que te das cuenta de que todo tu esfuerzo valió la pena.
Tras la misa del peregrino y 2 horas por Santiago tocó volver a casa y descansar, fue un momento raro, con ganas de volver a casa pero a la vez de seguir estando con tus amigos pasándolo bien.
Por fin llegamos a casa para contar a nuestras familias todo lo que vivimos y como nos cambió esta experiencia.
Sin duda una excursión muy chula que repetiría 100 veces más.
Artículo realizado por Adriana Sánchez (3º ESO)